LA ISLA DE LOS MUERTOS

Mirar, ver, contemplar, adivinar, dudar,… ¿Qué pretendía Arnold Böcklin cuando lo pintó?

Si se hubiera limitado a ejecutar el encargo de una viuda adinerada, Marie Berna, como dicen algunos, hubiera pasado por ser un lienzo cualquiera de la era del simbolismo. Sin embargo, el mismísimo encargo es cuestionado. Hay otra historia que dice que la primera versión la pintó por iniciativa propia, apareció la viuda, quedó fascinada (así muy teatral) y le pidió una versión para ella con la que evocar a su difunto marido. Ya llevaríamos dos versiones.

Pero es que no quedó ahí la cosa, se conocieron, al menos cinco versiones y multitud de reproducciones que obsesionaron a tantos espectadores como Hitler, que se quedó con la tercera versión, Freud o Lenin.

Si a esa obsesión unimos el misterio de la desaparición de la cuarta versión en el transcurso de la segunda guerra mundial, la fantasía vuela. ¿Quedó destruido o se aloja en una mansión escondida? ¿O en un polvoriento desvan?

No hay duda que el pintor alude a Caronte y su tránsito al inframundo. Arnold ya contaba con 53 años, no era un chaval, así que el significado de la muerte, los elementos asociados a ella, cobraban la importancia que los años dan, junto a la sabiduría. Hay islas cementerios en Venecia, Nueva York, Irlanda, Escocia…la novedad no era el espacio real. Las distintas versiones y sus cambios aludían a un espacio mental. Un espacio que es diferente según quién lo contemple. Por ello, se trata de una pintura cambiante a los ojos de cualquiera, cuyo mensaje final implica al espectador.

¿Quién va realmente en la barca? ¿Y en el ataud? Apuesten. Yo opinio que ahí va el último recuerdo de alguien que está a punto de ser olvidado para siempre. La isla es el lugar donde van los recuerdos que ya nadie conserva. Almas borradas, juguetes rotos, cartas quemadas… Los cipreses los reciben, hablan, son las voces de quienes llegaron antes. Cada uno tiene una historia y cuando sopla el viento las ramas susurran fragmentos de vidas ajenas.

En esa pintura está o estará el interior de cada uno de nosotros.