Ilustración: José Luis Ansón
Muchos todavía recuerdan algunos cuentos de su niñez. No solían ser dulces cuentos, algunos eran realmente duros y restregaban la cruda realidad de la vida a los pequeños desde bien tierna edad. No se colocaba ninguna red de seguridad mental como tampoco se colocaba en los parques ese bonito almohadillado que luce ahora. Lo mismo ocurría con los dibujos animados. No conozco a nadie de mi quinta que tenga ningún trauma por ver a Heidi huerfana, a su amiga Clara en silla de ruedas o a Marco cruzar medio planeta para encontrar a su madre y finalmente verla morir. Así es, asimilabas la realidad tal cual era y llorabas, porque llorar no tiene que ser malo. Mi hijo me ha llegado a pedir parar una película porque era triste lo que sucedía y para poder continuar he debido asegurarle que acababa bien. Es duro niño, pero es que todo no siempre acaba bien. Te encontrarás piedras en tu camino y bien estará que sepas levantarte y seguir.
Ahora se hila muy fino con todo esto, se miden las palabras, se psicoanalizan los contextos y se pide permiso hasta para marcar el punto y aparte. Da la sensación que encontrar un niño normal es lo anecdótico y que hay que darles las emociones envueltas en papel de regalo. He llegado a escuchar que no está bien hablarles de la muerte. No sé si yo tuve una conversación concreta respecto a tal acontecimiento previsible para cada uno de nosotros, pero sé que el uno de noviembre no iba con una calabaza recogiendo caramelos. Iba a los pueblos de mis padres a visitar los cementerios. Sigo conociendo dónde se encuentran enterrados mis bisabuelos, los tíos de mi madre, recuerdo la historia de cada uno de ellos. Recuerdo pasear entre las tumbas más antiguas y ver las inscripciones de niñas de mi misma edad. Y no era necesario hablar de un tema que se iba asumiendo con naturalidad, pues como pasa en la película de Coco, mientras alguien te recuerda, sigues vivo. Y sí, recoger caramelos y disfrazarse también está bien, pero solemos visitar muchos cementerios.
También hay gente que tiene mucho cuento y personas que son auténticos fantasmas, hay historias y cuentos para todas las edades y ninguno debe dejar de contarse. Así que amig@s escriban sin miramiento alguno porque el resultado, como el morbo, es tan relativo como la existencia misma. Sin embargo, no dejen de sembrar esa gotita del pasado en cada línea del futuro.
