Escapada y memoria

          Escapada breve, pero intensa.

          Hacía tiempo que ya había borrado aquellos recuerdos de la semana en la que había trabajado en la multinacional del petróleo, con sede en Barcelona, reclamando listados de impagos.

          Había acabado horrorizada, pero no por el tamaño o la conflictiva ciudad, sino por la absurda competencia que imperaba en aquel edificio.

          A los dos días ya había decidido que rechazaría esa “oportunidad”. Había sido la primera ocasión, a sus veintiséis años, que había compartido piso con alguien que no fueran sus amigas. El piso de Barcelona lo facilitaba la empresa y estaba muy bien situado, en plena Diagonal y cerca del edificio de las oficinas centrales. El ambiente allí era irrespirable y no podía con esa hipocresía continua, mucho más acentuada entre las mujeres. No había una de ellas que no le hubiera criticado a alguna otra. Por no hablar del tóxico entorno general, cómo se pisaban unos a otros sin ningún escrúpulo con tal de ganar posiciones frente a la jefa de sección.

          Ella había llegado allí enchufada, como se suele decir, porque su vida necesitaba un cambio, aunque no iba a ser ese. La jefa se la llevó a comer, al tercer día, a un carísimo restaurante. Era buena en lo suyo, claro que lo era. Nunca le faltó la autoestima. Sin embargo, no estaba por la labor de dejarse allí la existencia, por cuatro perras e ir pisando cabezas para subir al podio del estatus. Ya sabía, lamentablemente, que la vida era demasiado breve para eso, su futuro no sería así. Los días restantes cumplió con lo justo y disfrutó de la ciudad.

          Volvió a disfrutar de Barcelona cuando una amiga realizó el curso de la escuela judicial, menudas fiestas.

          Y posteriormente, con él, quien le enseñó a vivir, en cada calle, en cada ola, en cada kilómetro, en cada copa de vino y con prisa.

          Estos tres días con el niño habían sido peculiares, siempre lo eran, porque cada instante era único. Cuatro actividades: ilusión, escalada, fútbol y arte. Y una conclusión, ¡diviértete, sueña, pero no olvides quién eres!


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