Tus ojos como platos, tu boca entreabierta, siempre demandando el contacto con mi piel. Tan grande la sensación de intimidad y tan tremendo el miedo a fallarte. Unos días de existencia que provocan la mayor de mis fragilidades y al mismo tiempo desvelan una fuerza escondida en mi antiguo interior, aquél que creía perdido.
Tu pasión es desmedida, tu curiosidad suprema. Asustas, aturdes y enamoras. Ya no necesitaría salir para ver mundo porque lo veo reflejado en ti y sin embargo te llevaré hasta mi fin y tu principio por sus intrincados caminos de historia, mentiras y esperanza. Sólo tú decidirás el trayecto final y poco quiero saber de tus motivaciones, sólo respirar el aroma del triunfo de saberte pleno.
En estos días de crisis en mi crecimiento, que no el tuyo, en los que dudo hasta de mi mejor criterio me basta contemplarte para saber que algo bueno debe salir de todo esto y que, en la mayor de las oscuridades, siempre serás la luz al final del túnel.

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