El recuerdo

    A veces cuando creo que todo es perfecto (me refiero a esos efímeros momentos de plenitud que llegan ocasionalmente a lo largo de un día o quizá una semana…), me percato de que faltas tú. Y esa perfección se disipa. No escucho tus ronquidos (bueno, tu respiración fuerte), no siento tu roce en mi piel, tu lengua sutil (o no tanto), el sonido de tus pasos al recibirme, tu mirada, tan clara, tu cuerpo de puro nervio, esa alegría contagiosa. En definitiva, tu amor.

    Maldita sea, no estás. Sé que no vas a volver y me fastidiará por siempre. Yo te dejé marchar, acariciando tu rostro, pero te dejé marchar. La vida me obligó.


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