El abismo

Le daba miedo bajar. La pendiente era enorme para él. Estaba seguro que no era así en la realidad, que sólo existía una leve inclinación. Sin embargo, para él asemejaba la bajada a la laguna Estigia. Pero si Caronte cruzaba por ella, con las almas de los muertos a cualquier hora, qué no podría hacer él. Tal vez le faltaba esa razón de peso. Y es que no le iba la vida en ello. Bajar o no. Descender a ese nivel o no descender, esa era la cuestión. En esta absurda existencia ya nadie se mueve a cambio de nada.

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