Madre mía, no tengo vergüenza. Quizá os preguntéis dónde me he metido este tiempo o por qué no tenía nada que contar. Más simple que todo eso, estaba viviendo. Trabajo, exámenes y ante todo personas. Incluso mi perro (el macarra del barrio) necesita de mi atención diaria. El ritmo de los tiempos actuales se apodera de nosotros casi sin darnos cuenta. Intentas llegar a todo y sobre todo a todos. Y mientras, inevitablemente, pasa el tiempo. Basta ver las fechas de las entradas del blog para comprobarlo. En todo caso, mea culpa, mala organización y para compensar hoy os contaré algo:
«No era una noche propicia ya que, tras toda la jornada fuera y una semana intensa, lo que más me apetecía era tumbarme en mi sofá. Sin embargo me dejé convencer y salí a pasear unas horas por mi ciudad con nocturnidad y alevosía. La primera parada fue el Museo Pablo Serrano. No había estado desde la rehabilitación del edificio (larga) y me encantó el resultado. Los antiguos muros como arranque a una escalada hacia el cielo con invitaciones a la contemplación. Si hay algo que me fascina del arte contemporáneo es «mirar al que mira», escudriñar lo que otro ve o pretende ver. Las sonrisas. Esta pasada noche me detuve únicamente en una figura y era la de la artista: Juana Francés. Y lo hice porque lo merecía, porque incluso aquí ha sido relegada a un segundo plano. Una marginación que tuvo toda su vida y de la que no dudo que fue consciente. Una mujer revolucionaria en su tiempo a la que Francia supo valorar otorgándole una beca para sus estudios en 1.951. Pero aquellos tiempos (como tantos otros) no eran buenos para la mujer. Ella supo adaptarse y llegó a formar El Paso con otros artistas como Miralles o Pablo Serrano. Curiosamente es la única artista española que expone obras en el extranjero por aquella época pero su matrimonio con Serrano le hace estar, aún hoy, a su sombra. Ambos abandonan el grupo cuando otros artistas cuestionan la presencia femenina en el mismo. Por ello, Juana Francés es la gran desconocida, incluso tras su muerte en 1.990, la menos expuesta.
Una pena que nos impide a muchos conocerla o hacerlo tarde. Parte de su obra podéis contemplarla en Zaragoza, navega entre la abstracción y la figuración de forma complementaria. Podemos apreciar una búsqueda constante y una gran versatilidad enriquecida con la investigación con distintos materiales. No hay duda que Juana, con su arte, se reafirmaba como mujer y como artista. Así qué aún estáis a tiempo de descubrirla y contarme qué veis a través de ella.
No podréis copiar mi recorrido siguiente por la ciudad ya que no se repetirá. En la azotea se disfrutó de una vista increíble del Pilar iluminado y un espectáculo de luz y sonido. El tapeo necesario por la calle Azoque y desembocar en la gran plaza atravesando otras menores, cada una de ellas, con una invitación a la novedad. Curioso debate frente a La Seo del arte actual en todas sus facetas y finalizar brindando con un mojito por ser quien somos y estar donde estamos, pese a todo.»
Descubre más desde El archivo de Sandra
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
