La niña que se peinaba

   Hasta no hace mucho creía que sólo a través de los paisajes podía reflejar un estado de ánimo, un anhelo, una frustración o un destello de esperanza. Pero contemplando a la niña, al mismo tiempo que comenzaba a ejecutar los colores, se percató que ella era todo eso y más. Y ahora, antes incluso de dejar que se marchara, por un momento dudó si durante toda su vida había errado.
No, suspiró pausadamente. No había sido así. Él toda su vida había hecho y obrado como bien le había parecido sin dar cuenta a nadie. Liberado de la primera oposición de su padre, quien nunca lo había valorado, se dedicó a pintar por vocación, pura vocación. Desde una pronta juventud supo que quería pintar. Y lo hizo sin presiones ni sujeción a los acontecimientos políticos, sociales y revolucionarios de su época. Camille Corot fue ajeno a todo aquello. Ni siquiera tenía que trabajar para vivir porque podía hacerlo a costa de su acaudalada familia. Fue, de ese modo, como pudo permitirse un lujo que pocos podían llegar a tener pero que él nunca dejó de valorar.
Vivir del aire, hacer sólo aquello con lo que disfrutaba. Recorrer el mundo, viajar y plasmar en un lienzo los distintos paisajes que la vida le ofrecía. Sin fantasía alguna reflejando todos los volúmenes y detalles tal cual eran en la realidad.
Sólo en los últimos años, y básicamente porque la salud ya no se lo permitía, se había dedicado a estudiar y pintar la figura femenina. Pero nunca le habían atraído los retratos y si los había realizado era para agradar a algún familiar o amigo. Hoy, sin embargo, que concluía el cuadro de la niña peinándose, al mirar a su modelo a los ojos pudo ver a través de ella toda una vida, pasada y futura pendiente. Miles de paisajes que él, jamas ya, podría disfrutar.
Y una vez más se llenó con lo que se le ofrecía galante. Y ejecutó rápido y eficaz dando a la niña el mismo halo dulce, bello y sereno que ofrecía la naturaleza, con las luces y sombras que otorgaba un atardecer. Porque, ya lo vio claro, la humanidad formaba parte de esa naturaleza, cambiante día a día. Y él aún tenía tiempo, algo de tiempo para transmitirlo así.

20121124-190422.jpg


Descubre más desde El archivo de Sandra

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario