Noche loca de tos. No digo más. Si he dormido algo he debido soñar con monos.
A las siete en punto abren para desayunar y allí estamos nosotros. Los únicos. Tortitas con miel hasta arriba. Con fuerza pese a todo porque esta ciudad nos va a gustar.
Nos despiden con música y atravesamos con el coche toda la Ciudad Rosa, old city, haciendo fotos a la famosa fachada del Hawamahal.
Ha sido semana de festivales en la ciudad y nos encontramos con que no podemos dar la vuelta por el fuerte y la muralla con elefantes. Sí, hoy también vemos elefantes por las calles. Aquí vale todo.
A falta de elefantes subimos con el coche hasta el Amber Palace. Del periodo medieval, pero estilo indio, nada que ver con nuestro medievo. Es enorme y con vistas espectaculares al río y a la muralla que cruza las montañas. Nos recuerda a la de China, aunque imaginamos que sin su longitud, no se la ve acabar por ningún lado. Nos deleitamos con el palacio porque podemos acceder a todas sus estancias y dejar volar la imaginación. Subimos a las torres, cruzamos patios, pasamos por las letrinas de antaño, por los baños turcos (en aquella época ya los tenían), por las habitaciones de las damas y descendemos por los pasadizos que conducen a sus habitaciones desde el lado masculino. Cuidado con las cabezas y mejor no mirar hacia arriba si no te molan mucho los murciélagos. Muy entretenido, preciosa y delicada decoración, además de bien conservada. A la salida se avecina ya un tropel de gente. Incluso salir del parking resulta complicado.
De ahí vamos al City Palace de Jaipur. En comparación con el anterior nos gusta mucho menos. Esa es la verdad. Aún así nos lleva su tiempo. Hay un patio interesante con cuatro puertas espectaculares en relieve y color. En todos los muros están repasando el color rosa y el blanco de las falsas ventanas. Eso está bien. Visitamos el coffe Palace donde hay fotos de Lady Di o el presidente Clinton como ilustres visitantes. Éste último también estaba fotografiado en nuestro hotel. Comenzamos a pensar, irónicamente, que también deberían poner nuestra foto. Al menos en honor a los turistas que, con menos días, más les está cundiendo.
Salimos de ahí y nos aventuramos a cruzar una plaza y una calle para llegar al Jantar-Mantar. No nos abordan demasiado y para los que se atreven nos hacemos los distraídos contemplando los monos que trotan sobre el muro del edificio. Un edificio realmente singular ya que se trata de un observatorio de los cinco que mando erigir el Maraha Sawai en el siglo XVIII. Está construido en piedra y mármol. Consta de distintos elementos gigantes (el acceso por escalera está prohibido)que les permitían estudiar la astronomía, controlar la hora, las estaciones y constelaciones de cada signo del horóscopo. Es curioso y particular. Sin embargo el edificio tiene pocos espacios de sombra y el sol aprieta ya demasiado como para perder tiempo.
Decidimos que es hora de marchar para Delhi. El conductor intenta llevarnos a un mercado textil pero tantos días de viaje no nos dejan margen para regatear dinero en telas. Queremos descansar pues nos espera un largo viaje de regreso con escala en Helsinki.
Este viaje se despide aquí pero la autora a la vuelta repasará notas y datos por lo que, seguramente todo se volverá a actualizar. Eso sí, cuando cure el dichoso catarro. Bye bye
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Gracias por dejarnos viajar de vuestra mano. Me han entrado unas ganas locas de ir a la India y eso que nunca me había atraído. Espero que la vuelta fuera buena y que tu tos ya haya desaparecido. Besos. Maribel
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