Me he despertado cada hora pero al menos he dormido mejor. Sigo sin tragar muy bien y con sensación de cansancio. Sin embargo desayuno con gana y hoy retomo mis paseos matutinos por la playa. En la calita vecina hay bastante animación. Caigo en la cuenta de que es fin de semana y por lo visto son muchos los grupos de estudiantes que se acercan en excursiones hasta esta isla. Dados sus entretenimientos no me sorprende demasiado. Ahí los encuentro preparando una competición de voleibol y minutos antes uno de los encargados del hotel echaba de nuestra zona privada a un grupo rebelde que se había apartado a fumar a escondidas. Juventud, divino tesoro.
Nos colocamos por la zona de la piscina. El hotel parece tranquilo(salvo el típico maleducado que, o pasa o no lee las normas, y se mete con sus hijos en el jacuzzi) y las hamacas son mucho más cómodas.
Aguanto bastante bajo la sombra leyendo El ángel perdido mientras el acompañante se va a ver la fórmula 1 por internet y me subo a la habitación a descansar.
Decidimos salir de nuevo por la zona de la bahía. Buscamos la parada del metro que más nos aproxime a la zona que teníamos en frente cuando cenamos en el museo de las Civilizaciones Asiáticas. Se veía bastante animada.
Justo salimos del metro por esa zona. Hay casitas bajas de colores que contrastan con los rascacielos que las rodean. También barquitos que hacen excursiones. Y sobre todo lo habitual. Comercios y restaurantes. En cualquier caso se nota que es domingo y todo se ve muy tranquilo. Tras cruzar por la zona más saturada de restaurantes, ser abordados por todos camareros y alucinar con el tamaño de los cangrejos y bueyes de mar (descomunales), nos dirigimos a las callejuelas del distrito bancario. Quiero levantar mi cabeza entre tanto cemento y acero. Lo hago, el paisaje hacia el cielo es increíble. También el hecho de que no haya nadie por las calles. Parece la escena de una peli de ciencia ficción.
Buscamos ver algunos templos no muy alejados y no resulta difícil dejar atrás los rascacielos. No son miles y pronto contrastan con la vieja ciudad. El otro Singapur alejado de las oficinas, el estrés y los bancos. Tras un paseo desangelado(seguimos solos), vamos a ver si se puede picar en algo en Lau pa satt. Lo hemos visto por los foros como aconsejable. Inmediatamente me recuerda al mercado callejero de Pekín. Aquí hay todavía más variedad, indio, chino, tapas de singapur( como lo oyen o leen), tailandés… Agobiante. De repente me surge la necesidad acuciante de una simple hamburguesa. Curioso querer fuera lo que no tomas nunca en tu ciudad.
Por mi antojo volvemos a la zona de la bahía y encontramos un Mac Donalds donde una doble cheese burguer calma mi ansiedad y reposamos.
Damos otro paseo donde contemplamos como lanzan en un tirachinas gigante a varias personas que, para mi asombro, hacen fila y pagan por jugarse la vida. La cheese burguer se me revuelve de sólo mirarlos.
¡Qué casualidad!. Un centro comercial cerca de la parada del metro donde me veo casi obligada a consumir con algún trapillo… Parece que ver tiendas me sienta bien. Bueno a descansar y conservar esas imágenes de contrastes en la retina y en la cámara. Mañana es probable que no salgamos de nuestro paraíso cercano al hotel y al día siguiente partimos a Delhi.
Descubre más desde El archivo de Sandra
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
