Singapur, 13 de octubre de 2012

Me despierto a la una y media de la madrugada horrorizada. No puedo tragar. Literalmente. ¿Cómo es posible que el cuerpo, tan sabio, no me haya advertido siquiera?. Vaya dolor de garganta. De repente también la cabeza. Paso la noche a duras penas despertándome cada dos por tres. Por la mañana a este catarro incipiente se le unen los dolores femeninos por excelencia. Vamos, en resumen, me encuentro hecha una caca.
Con esfuerzo bajo a desayunar y no paso de la hamaca de la piscina. Éstas son más cómodas que las de la playa. Veo imposible realizar mi caminata habitual por la playa. Casi todos días me recorro media isla por la arena pero estoy sin fuerzas. A la una me subo a la habitación a ver sí puedo dormir algo y entre paracetamol e ibuprofeno recuperarme para por la tarde. No puedo dormir porque no puedo tragar ni respirar y me sugestiono.
Pese a todo, zombie, a las cinco me visto para ir a ver Little India.
Bueno, qué decir. Barrio con pequeñas casitas coloniales, viejas y con población India. Como si estuviéramos en una ciudad diferente a la de ayer. Mucha gente. Entramos a Mustafa center. Al cambio cosas más caras que en España. Salimos raudos y paseamos por las calles principales donde abundan tenderetes y restaurantes típicos indios. Además parecen más seguras. Parece que regalen los relojes. Me pregunto si funcionaran cuando bajes del avión. Compro una funda para mi iPhone por algo así como euro y medio y visitamos el templo hindú más famoso de la zona. Más que satisfecha con lo visto hoy y dado que mi cabeza va a estallar imploro sentarnos a comer algo.
Entramos al restaurante Madrass. Muy típico y con algún occidental que otro por lo que es evidente que no somos los únicos que estudian foros y blogs. Tienen una pizza (India)vegetariana. La pido porque hace días que estoy con antojo de una. El acompañante pide un plato típico. Nos sorprenden con minis tarros de arroz, patatas, legumbres, pimientos y salsas varias. Se acompaña de unas tortas. Algo así como para que te prepares tu propio burrito o fajita a la mexicana. A fin de cuentas no están las cocinas de los países tan lejos unas de otras. Diecisiete dólares del país, menos de quince euros la cena. Todo rico, llenos en busca del metro y directos al hotel. Más ración de pastillas que me aseguren dormir y levantarme mejor. Dulces sueños.

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