He dormido como una marmota nueve horas. Mi compi algo menos está envidioso. Bajamos al buffet del desayuno con poca expectativa pero nos sorprende gratamente. Hay de todo, fruta, salado y dulce. Comemos sin moderación.
A las ocho ya estamos camino de la Ciudad Prohibida. Vamos a la entrada norte que era donde ayer vimos pasar a la gente. Pero como estos chinos son tan peculiares a días cambian el sentido de la entrada y resulta que se hoy se entra por la sur. Hablamos de una distancia considerable así que para aprovechar el paseo hasta allí entramos en el parque vecino de Jingshan que tiene un palacio muy alto donde tener buenas vistas de la ciudad. En el interior hay gente bailando, haciendo taichi… Todo está lleno de chinos. Sé que me repito pero es que apenas hay occidentales. Me parece curioso.
A la salida del parque se nos ofrece un triciclo de estos turísticos a llevarnos a la plaza Tiananmen por tres yuanes. Nos parece muy bien porque podemos ver dicha plaza y entrar por la puerta sur de la Ciudad Prohibida. En vez de tomar la calle más razonable para ir a la plaza nos introduce muy simpático por las calles de un Hutong vecino e intenta vendernos algún otro tour(de los pocos que tienen nociones de ingles).Le decimos que no y sugiere que el trayecto a la plaza ahora, de repente y misteriosamente, no son tres sino trescientos. Montamos en cólera, él se hace el valiente quizá porque cree que no queremos parar en medio del Hutong. No tenemos miedo, nuestro hotel está también en uno. Nos bajamos y allí de queda. Al menos hemos avanzado mitad de trayecto.
Por fin en la ciudad perdida. Compramos entrada y antes de entrar vamos a ver la plaza. El gentío y el tráfico es desmesurado. Nada bonito que ver como imaginaba y volvemos a la Ciudad. El recinto del mundo donde más Palacios hay. Eso sí y siguiendo la impresión del día anterior, visto un palacio, vistos todos.
En cualquier caso, son bonitos, originales y rodeados de parques y lagos bien cuidados. Así qué llevamos ya unas trescientas fotos. Nos cuesta ver, más o menos todo, una hora y media. Tras la experiencia con los triciclos (moto disfrazada), esta vez cogemos un taxi con taxímetro en marcha y sin problema vamos a parar al Templo del Cielo.
Este de recinto es también enorme y nos gusta mucho más que los otros. La aglomeración de visitantes es menor, los jardines espectaculares y también el templo en sí.
Acabada la vista de templos nuestra idea es pasar a los mercados. Por cercanía vamos primero al de las perlas haciendo un paròn para descansar y comer algo.
El restaurante es muy mono. Probamos el arroz( con los palillos peor que los fideos) y una especie de sartén con pato picante. Nos gusta aunque el pato lleva excesivos huesitos.
Recuperada energía encontramos el mercado de las perlas. Resulta ser un edificio con escaleras mecánicas y todo. Parece ser que, tanto este como el de la Seda, se trasladaron hace unos años de las calles a los centros comerciales. Se vende lo mismo pero, sin duda, ha perdido encanto. Aquí sí vemos más turistas y todo muy tranquilo, nada saturado. Yo busco un bolso en particular, sin marca( pero de piel y con colores muy originales) que vi a una chica en el avión pero no lo encuentro en ningún puesto. Cuando lo hago la chica no me baja el precio tanto como me gustaría así que desisto. No lo vuelvo a ver en todo el día y paso las horas acordándome de no haberlo comprado. Decido que comprare también unas gafas de sol y una funda para el iPhone, pero no aquí, estamos sondeando. En este mercado sòlo caen tres figuritas de los guerreros de Xiam, de recuerdo. Venden de todo menos las últimas plantas dedicadas a las perlas. Pasamos, ni entendemos ni queremos.
Pillamos otro taxi, más barato y seguro, y vamos al Mercado de la Seda. Otro centro comercial quizá más centrado en ropa. No veo el bolso, sniff. Compro unas gafas, de imitación, por unos diez euros, un chaleco para mi sobri y el acompañante ropa interior, calcetines y chandal de imitación. Casi las ocho de la tarde, muertos. Nos hacemos unos masajes de pies a buen precio, lo merecemos y pillamos un taxi para el hotel. Se niega a poner el taxímetro dando una cifra desorbitada y no estamos ya para regateos así que le dejamos y cogemos otro. Este sí, hogar dulce hogar. Reservamos un coche para ocho horas que queremos aprovechar mañana para ver la Gran Muralla y el Palacio de Verano.
Por cierto, estas entradas se publicarán en el blog sobre el día 9 de octubre porque aquí en China hay páginas de internet vetadas, como el Facebook o el wordpress. Así que no os he abandonado, es sólo un sabotaje transitorio.
Besitoss
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