Londres 30 septiembre 2012

Amanecemos tras dormir cinco horas que sumamos a las dos que hemos dormido el día anterior. Un total de 7horas en dos días. Aún así nos levantamos con energía y bajamos decididos a desayunar. El camarero se encarga de recordarnos que no tenemos contratado el servicio de desayuno. El estrés de los últimos días ha hecho que olvidemos los pequeños detalles de un viaje que reservamos en marzo. Pese a ello el hotel merece la pena, cinco estrellas junto al Támesis, algo alejado pero con bus gratuito que te acerca a Plaza Sloane en 15 minutos. Paradójicamente desayunamos en una brasserie francesa un delicioso croissant y un reconstituyente café. Camino de la estación de Victoria decidimos comprar la travel Card para economizar y pronto comprobamos que es una idea acertada. Aún así y dado que el clima acompaña vamos paseando hasta Buckingham Palace con tan buena fortuna que coincidimos con el cambio de guardia y comprobamos que todos los turistas de la ciudad se han concentrado en el mismo lugar. El gentío resta encanto al desfile y vamos bajando al st. James Park… Las osadas ardillas, los cisnes, patos, flamencos, los colores adelantados del otoño y los curiosos bancos nos acompañan en un paseo inolvidable. Pero pronto volvemos a la locura de las calles principales y aparece el Big Ben y el parlamento ante nosotros. Según Víctor la torre es pequeña, le decepciona pero le gusta el conjunto. Dejamos la abadía de Westminster para otro momento y hacemos las fotos de rigor cruzando el puente hacia la noria para tener mejor perspectiva. Casi la una y ya muertos. El cansancio del último mes, nervios, trabajo, mudanza…nos esta pasando factura pero los planes son los planes y visto el obelisco robado a los egipcios en forma de monumento a Cleopatra vamos a comer. Antojo de plato gigante de pasta. Hemos entrado en los trajes y ya no queremos privarnos de nada. Exquisito todo en la Bella Italia. Sin posibilidad de siesta vemos la Iglesia de san Martín, su cripta transformada en restaurante (sí, comes sobre las lápidas rogando no lleguen los zombies)y la Galería Nacional.
Un placer disfrutar de tanta obra de arte. Sorprendida de ver que tienen nuestra «Venus del espejo» de Velázquez y otros tantos de Zurbaran, Murillo… Los impresionantes Van Gohg, Holbein, Vermeer, los flamencos y mi delicioso Canaletto…entre tantas maravillas. Perdemos tiempo porque lo requiere y viajamos en el tiempo para poder aprender. En la salida soy atropellada en mi pie izquierdo por una silla de ruedas a toda velocidad y de ahí a la vulgar Picadilly circus. Sí, me refiero a esa plaza tan fea llena de paneles publicitarios, donde conviene agarrar el bolso y recordar al cruzar que en este país conducen al revés. Pero la verdad que a todos nos gusta. Intercambio de fotos con otra pareja ante la estatua de Eros mientras escuchamos la conversación de un joven español discutiendo con su abuela. Parece que la mujer es la que le provee de money y algo le disgusta. El chaval la pone a caldo. Mi compañero de viaje me anuncia que mi cara ha pasado del cansancio extremo a una actividad inusual de ojos y análisis. Tiendas, tiendas, consumo… Top shop! Tengo que entrar, ver las novedades, cuánta pijada. Al final contenida en el gasto, queda mucho viaje. Venga, vuelta por el soho (decidimos cenar otro día por allí) y planeando noche en hotel. De cabeza al metro para regresar. Antes compra en supermercado… Muffins para desayunar con el nesspreso que nos pone el hotel en la habitación(cafetera incluida), un pequeño lujo que contrasta con la no disponibilidad de wifi gratuito. No veo la hora de llegar( serán las ocho) y llenar la bañera de agua caliente hasta los topes. Anécdota: la bañera tiene tele y puedo ver las noticias deTVE internacional mientras aparto la espuma.Toca relax y algo más… De cine, lo necesitábamos. Fútbol y serie mientras cenamos en la cama ensaladita y sushi. Campeonato sobre quien cerrara antes los párpados, escribo con prisas en el iPhone, no es cómodo. Otro día más y mejor.

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