En estas que andaba yo en uno de esos paseos matutinos que no siempre tengo la fortuna de realizar. Aproximadamente las ocho y cuarto de la mañana, entre vendaval de cierzo y pensamientos sin sentido que se intentan poner en orden dentro de una música de fondo poco acorde con los mismos (leve intento de no quedarme antigua con las tendencias actuales). Ajustándome los cascos dentro del gorro, al mismo tiempo que sujetaba el bolso, me encaminaba decidida a cruzar por el anillo verde cuando antes de llegar al mismo, en la peatonal por la que suelo acceder, me encuentro la acera pintada con spray blanco y el siguiente mensaje:
«Este amor no se acabará nunca. Tu recuerdo vive en mí. A pesar de la distancia te sigo queriendo a ti Peluchita, 28/05/2014».
Atravieso el mensaje, es más, lo pisoteo. ¿Lo he leído bien?. No, no. Vuelvo sobre mis pasos y lo leo con más detenimiento. Vuelvo a pisotearlo y sigo mi camino. Pero el paseo cambia, pese a no variar mis pasos. Los pensamientos han cambiado. Nuestro día también es el 28. ¿Quién será Peluchita?. ¿Vivirá muy lejos?. Han pasado ocho meses por lo que contabilizo. ¿Será este un amor correspondido?. ¿Se acordará ella de su amado en la distancia o andará embelesando a otro caballero?. Oh sí, es tan de otra época. Un joven Werther contemporáneo. Ciertamente no parece que hoy se estilen mucho. Parece que cueste horrores decir «te quiero». Te quiero, te quiero…. Cierto es que hay que ser comedidos o el amad@ saldrá corriendo. El amor pesa, no es ligero. De poco en poco y manteniendo. Lo poco gusta, lo mucho cansa, bla, bla, bla…
Tanto me impresionó la declaración de Peluchito que volví por la noche con el perro a hacer la foto que adjunto. Quería contemplar los trazos una ultima vez antes de que la manguera de los de la limpieza (que se acordarían de toda la familia de Peluchita no para bien) los borrara para siempre. Oh Werther-Peluchito sufre en la distancia. Si bien, espero que no tenga el mismo final que el del siglo XVIII. Y desde entonces los ecos del romanticismo nos acompañan, pese a quien pese, entre tanto estilo innovador. Porque el hombre también llora, también se estremece, es sensible al presente y al sufrimiento. Y las lágrimas demuestran su pureza de corazón.
Y al final el que no lo suelta no descansa. O, lo que es lo mismo, el que no arriesga no gana. Bravo Peluchito que aprovechó su oportunidad mientras que tantos otros, acogidos al miedo, la cobardía o a la chulería (todo es valido) son incapaces de vivir el momento aferrados a tanta racionalidad absurda. ¡Viva el triunfo de lo espontáneo y de la naturaleza!. Sublime aquel que, sin dañar ni ofender a nadie, rompe los límites de la percepción habitual de los sujetos. Sólo ese sentimiento, Peluchito, será infinito. Y lo será hasta el fin de tus días, aunque no la vuelvas a ver jamás.
