Se acabó lo que se daba. Una viñeta del bitstrips resume este pensamiento. Conseguimos con este viaje lo que tanto ansiábamos (la desconexión) pero todo tiene un final. Y lamentablemente siempre llega. Tras mucho viaje turístico necesitábamos uno que sólo implicara descansar. Como yo predecía «estar en posición horizontal toda la semana». Pero fuimos buenos chicos, alguno se fue a correr y la menda a andar una hora todos los días para compensar de alguna manera ese tentador buffet. He de decir que no se ha compensado y la goma del pantalón aprieta más de lo debido.
El tiempo, como el viento, nos respetó y al contrario de lo previsto nos dio días soleados excepto uno nublado para que la piel respirara de nuevo. Vimos playas paradisíacas en paisajes lunares, escuchamos cien conversaciones en idiomas que no entendimos, le dimos al vino blanco afrutado y estudiamos barroco. Las horas pasaban volando y los días las seguían. Deteníamos el reloj para mirarnos, sonreírnos y querernos. Querernos mucho.
Y se meditaba. Y se pensaba. La mente, como el tiempo, no se detiene jamás. Y mucho menos si es femenina. Es ponerme mis zapas indias y mis pantalones hippies y los pensamientos vuelan solos. Ah, pero me los guardo que este blog empieza a leerlo mucha gente…;);););)
En definitiva para nosotros la isla merece la pena si sabes a lo que te enfrentas y es lo que quieres. Allí no hay nada, nos decían. Eso es un secarral. Es sólo para surferos. Cada persona tiene su lugar en el mundo y también lo tiene en esta isla, pero hay que saber encontrarlo. Yo fui a Fuerteventura a no hacer nada, nada. La nada, ese agujero negro maravilloso que tiene un mundo dentro. Y por eso, en la nada, hice mucho. Surfeé sobre mis propias olas de incertidumbre hasta ver la luz de la decisión. Y no me tambaleé pese a mi probada torpeza de equilibrio. Paseé entre dunas y extraña biosfera de la que surgían ardillas. Alimenté a gatos que debían estar a dieta. Y entre el absurdo de los hechos surgía la verdad más escondida, la que no puedes controlar aunque te esfuerces. Cuando me marché de allí, de la nada y también del hotel que alojó mi viaje lunar sonaba una canción de Michael Jackson. Esas casualidades misteriosamente simbólicas. Por unos instantes volví a ser adolescente, pero no, ya no es así. Y para bien, o para mal, lo es.
