Brussels

Empezar el año fuera de tu casa y más de tu país tiene cierto encanto. Volar, volar, acontecimientos pasados y futuros, volar. Ver la cara de la gente cuando sacas tu puñado de doce uvas en una plaza extraña y cosmopolita no tiene precio, aunque el comportamiento ante la festividad no varía mucho de un lugar a otro del mundo. Deseos y más deseos, volar… Este año he cambiado el hábito, no pedir nada significa recibir siempre algo. Rodeada de tanta gente contemplando esas maravillas arquitectónicas llenas de tanta, tanta historia hace volar la imaginación.
Si fuera rica (cual cuento de la vaca lechera) me gustaría pasar unos cuatro meses (periodo medio) en un ciudad distinta. Alquilar un apartamento bucólico pero viejo y ver qué podía escribir en él, qué me inspiraba cada ciudad. Pasear por sus calles y descubrir los misterios y leyendas de cada rincón. Ser capaz de descubrir quién tiene la tabla robada del políptico del cordero místico. O, de lo contrario, inventar una historia sobre su posible paradero que fascinara a algún editor. Bah, quizá muy visto ya. Así que… Por ahora no.
Sin embargo, a alguien tal vez interese saber a la velocidad a la que circulan los carros de caballos por Brujas, veloces como rayos. Me pregunto si el turista de turno es capaz de ver la ciudad y sacar la foto del monumento al mismo tiempo que bota en el carruaje. Tal vez a alguien interese saber que en diciembre hace aquí mejor tiempo que en España, nos tienen engañados con eso del… norte de Europa. Ante todo lo más importante para cualquier potencial visitante a Bruselas es este consejo: no pierda una hora de su tiempo haciendo fila para probar las patatas de Antoine. Sí, esas que dicen son las mejores de la ciudad y que nadie se debe perder. Por el amor de Dios, patatas fritas normales con bastante resaca a freidora con aceite gastado. En cambio, aunque no le guste la cerveza, no se resista a probarlas, todas y de distintos sabores, cereza, melocotón… Eso sí es algo que no encontrará a la vuelta. Y los gofres sin añadidos, no gaste más de dos euros. Los mejillones como en Francia, acompañados de nuevo con más y absurdas patatas fritas. No es de extrañar que adoren nuestra cocina. Y nuestros mejillones ni punto de comparación. Pero donde fueres haz lo que vieres y… Juzga. Foto al Manneken, a la Janneken, al atomium y a disfrutar la ciudad del parlamento europeo.
Pero, sin duda, en Bélgica hay mucho más. Hay historia, borgoñesa, española, austriaca y muchos periodos más hasta llegar a su ansiada independencia. Y donde hay historia, hay arte y por tanto fantasía. Y lo hay allá donde uno quiera dejarse llevar. Puede ser una calle antigua en la que dibujes aquel Flandes pero también una exquisita farmacia o una pastelería. Y sobre todo la hay en las iglesias, testigos mudos de tanto cambio social y de tanta sabiduría. Y de tanto secreto. Entre sus pilares y sus bóvedas, en las criptas y en las capillas. Las que ves y las que no ves. Y en sus museos donde cada cuadro esconde una verdad no revelada y distinta para cada espectador. Pregúntale a Magritte.

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