No hay nada como detenerse una mañana en una cafetería extraña de una calle extraña a tomar un cortado. Sentarse en una mesa apartada y contemplar el mundo dentro del local y el que se vislumbra tras sus ventanas. Es una forma, también extraña, de recogimiento interior pero hacia fuera. Es decir, con tus pensamientos pero observando a personas extrañas que exhiben, de alguna manera, su vida ante ti. No resulta pues extraño que tantos literatos de tiempos pasados y también recientes encuentren inspiración a sus obras en los cafés de sus barrios.
Pero este no es mi barrio, aunque un tiempo lo fue. Por lo cual podría ser yo la que conversará alegremente con la china que trabaja de camarera. La invasión del oriental, mundo exterior en recinto interior. Pudiera ser un familiar mío el que se estuviera dejando los cuartos y parte de su vida (aunque él no sea consciente) en la máquina tragaperras. También pudiera ser un vecino mío el que, cual chimenea andante (y dejándose también la vida), fuma fuera todavía con el cachirulo al cuello pasado ya un mes desde las fiestas del Pilar.
Desde la soledad y la observancia el mundo gira distinto. El placer de leer el periódico en un bar cualquiera no tiene precio. Bueno sí, el euro del cortado. Las noticias me llegan más y mejor. Y además miro, miro alrededor y compruebo con certeza la realidad… Me pregunto cuántos artistas estarán trabajando en este momento puntual en cada rincón del planeta para abrirnos los ojos. Cuántos estarán pensando que, sin ellos, la vida no tiene sentido; que sólo ellos poseen la razón y la verdad. Uff… En un justo momento en que todo vale, en un momento en que TODO PUEDE SER ARTE. Es justo en ese momento donde me encuentro yo, en una edad ya difícil para abrir mi mente, intentando entender esa lluvia de propuestas.
Ahora el arte centrado en la lucha contra los poderes (que son muchos), en abrirnos los ojos contra la política, la prensa, los medios de masas, los bancos, la tecnología… ¿Acaso los tenemos cerrados?. Igual es porque nos conviene o mejor (o peor para algunos) es que nos gusta vivir así. Quizá ya sabemos que se cometen violaciones, discriminaciones, expropiaciones y abuso de derechos, quizá ya lo sabemos. Quizá no necesite verle el culo a un artista para entenderlo. Quizá sepa también que hay muchos más materiales aparte de los lienzos. Pero quizá, señores, a mí lo que me agrada es ver la sonrisa de aquel retrato, esa armonía y perfección de formas que no me dan sus absurdas ideas.
Y quizá no es que no las entienda sino que, sin más, no me parecen necesarias. Y lo peor es que estas obras actuales no pueden ser entendidas por la mayoría, no por gente que no tenga unos mínimos conocimientos culturales y muchos más artísticos. Entonces no deja de ser irónico que, precisamente, esta gente que no puede llegar a esas obras son los que más absorbidos están por la masa de capitalismo y consumo y por tanto, a ellos no les pueden abrir los ojos. Y a los que pueden entender su significado, a ese grupo de élite con una adecuada formación, curioso me resulta saber a dónde quieren llegar… ¿qué les roban?. ¿Dos minutos de reflexión que no hayan podido tener en la ducha o sentados ante un café solitario?. ¿Creen ver algo que los demás nos vemos?. Esa obra sólo cobraría sentido si provoca una reacción, sea política, económica, social o ideológica… Pero sino provoca una reacción y además es efímera es redundar en lo sabido, en lo consentido. Y sí, duele pero es así. Todavía agrada recorrer los museos y galerías tradicionales porque el concepto de belleza clásica sigue existiendo, sólo cambia con la moda, pero sigue estando ahí y por ello gusta. Objetiva o subjetiva pero existente. Sin belleza no hay obra de arte. Y la suya señor no me gusta, ni me remuerde la conciencia ni me motiva a cambiar el mundo. Quiero ver ese mundo a través de una nueva ventana, de su ventana, dibújela para mí. Pero hágala con gusto porque no me va a contar nada que yo no sepa, sólo quiero verla desde otra perspectiva, desde otro color, desde otra luz, su luz. Pero que esa luz exista, aunque sea extraña, o no me SIRVE.
