Amanezco algo mejor de la garganta pero muy débil en general. ¡Justo en la semana que se suponía de mayor descanso!. No me importa. De cualquier manera hoy no llevamos intención de movernos de nuestro particular paraíso.
Bajamos al buffet del desayuno. Hoy selecciono zumo y fruta, noodles y pollo al curry, finalizando con un buen tazón de café y repostería variada. Como puede comprobarse el catarro no me ha hecho perder el apetito. Me puede la vista.
Parece que ha llovido por la noche. En teoría iba a ser una semana de tormentas e inestabilidad pero nos iremos de aquí con un bronceado exquisito. Está nublado pero las nubes aquí van y vuelven con una rapidez pasmosa.
Bajamos a elegir unas buenas hamacas lejos de la zona infantil y vecinas a la playa. Me doy mi habitual paseo y me encuentro la playa muy sucia. Restos de madera, muchas algas, botellas y hasta algún zapato. Me pregunto si los del resort vecino tuvieron juerga anoche pero parece que la suciedad se generaliza por todas las calas que paso. Limpian a conciencia. Es más probable que la causa haya sido la tormenta de anoche.
Paseando, como siempre, los pensamientos vuelan. ¿Cuánto hace que nadie nos habla en castellano?. Apenas hemos visto españoles en nuestro viaje. Es una sensación rara eso de acabar entendiéndote con escasas palabras en inglés pero demuestra que, si todos los interlocutores se esfuerzan, no debe existir nunca problema para comunicarse.
La mañana transcurre agradable. Es el único día que hemos sentido algo de viento y hay que reconocer que alivia bastante. De todos modos yo no saco mi cabeza de la sombra salvo para remojarme, ir al baño o a por agua.
Lectura, wifi y buena compañía. No se puede pedir más. Y charruqueando un poco de todo… ¡Susto monumental!. Giro mi cabeza al notar una presencia cerca. Un lagarto de metro y medio se acerca reptando a la orilla de la piscina. Pego un bote. Tiene un tamaño considerable, casi me ha parecido un caimán. Gracias a Dios de su boca no asoman dientes sino una lengua juguetona con el agua.
En esta zona sólo estamos cuatro personas pero al ver la intención del animal de darse un baño corremos a avisar al socorrista que poco puede hacer salvo avisar a los que están dentro. Al meterse en el agua la silueta del reptil se alarga y más que un lagarto ahora parece una anaconda. Su forma de moverse en el agua me resulta majestuosa. Lo contemplo divertida pero al levantar la vista(se está cruzando toda la enorme piscina) ha cundido el pánico. Sin duda es inofensivo pero sólo de imaginarme dentro y verlo aproximarse se me pone el vello de punta. Les entiendo. Una mujer sale despavorida con su hijo en brazos.
En fin, la anécdota del día. Cuando el animal se aproxima a un punto desde el que ve más vegetación, alarga el cuello y sale sigiloso desapareciendo.
Descansamos algo en la habitación y cogemos el autobús del hotel que deja en un centro comercial con intención de dar una vuelta y comprar algo para cenar en la habitación mientras preparamos tranquilamente las maletas. El aire acondicionado del centro es helador. Llevo chaqueta y pañuelo al cuello y aún así me resultan insuficientes. Damos una vuelta tiritando, compramos cuatro cosas y volvemos.
Dejamos pagada la habitación y encargamos un taxi para las seis y media del día siguiente. Nos anuncian que dejaran listo nuestro desayuno.
Efectivamente, al día siguiente todo procede según lo esperado. Desayunos para llevar(abundante que tomaremos con un café en el aeropuerto), taxi y facturación con Air India inmediata. Control escaso en el aeropuerto de Singapur.
El avión es muy pequeño comparado con las anteriores compañías. Huele a especias y a sudor. No está ventilado y morimos de calor hasta que se pone en marcha.
Nos dan de desayunar tortilla, patatas, salchichas y café/te con croissant. Siempre que cogemos un vuelo comemos el doble. Escribo, paracetamol e intento descansar.
Día: 15 de octubre de 2012
Singapur 14 de octubre tocando el cielo
Singapur, 14 de octubre de 2012
Me he despertado cada hora pero al menos he dormido mejor. Sigo sin tragar muy bien y con sensación de cansancio. Sin embargo desayuno con gana y hoy retomo mis paseos matutinos por la playa. En la calita vecina hay bastante animación. Caigo en la cuenta de que es fin de semana y por lo visto son muchos los grupos de estudiantes que se acercan en excursiones hasta esta isla. Dados sus entretenimientos no me sorprende demasiado. Ahí los encuentro preparando una competición de voleibol y minutos antes uno de los encargados del hotel echaba de nuestra zona privada a un grupo rebelde que se había apartado a fumar a escondidas. Juventud, divino tesoro.
Nos colocamos por la zona de la piscina. El hotel parece tranquilo(salvo el típico maleducado que, o pasa o no lee las normas, y se mete con sus hijos en el jacuzzi) y las hamacas son mucho más cómodas.
Aguanto bastante bajo la sombra leyendo El ángel perdido mientras el acompañante se va a ver la fórmula 1 por internet y me subo a la habitación a descansar.
Decidimos salir de nuevo por la zona de la bahía. Buscamos la parada del metro que más nos aproxime a la zona que teníamos en frente cuando cenamos en el museo de las Civilizaciones Asiáticas. Se veía bastante animada.
Justo salimos del metro por esa zona. Hay casitas bajas de colores que contrastan con los rascacielos que las rodean. También barquitos que hacen excursiones. Y sobre todo lo habitual. Comercios y restaurantes. En cualquier caso se nota que es domingo y todo se ve muy tranquilo. Tras cruzar por la zona más saturada de restaurantes, ser abordados por todos camareros y alucinar con el tamaño de los cangrejos y bueyes de mar (descomunales), nos dirigimos a las callejuelas del distrito bancario. Quiero levantar mi cabeza entre tanto cemento y acero. Lo hago, el paisaje hacia el cielo es increíble. También el hecho de que no haya nadie por las calles. Parece la escena de una peli de ciencia ficción.
Buscamos ver algunos templos no muy alejados y no resulta difícil dejar atrás los rascacielos. No son miles y pronto contrastan con la vieja ciudad. El otro Singapur alejado de las oficinas, el estrés y los bancos. Tras un paseo desangelado(seguimos solos), vamos a ver si se puede picar en algo en Lau pa satt. Lo hemos visto por los foros como aconsejable. Inmediatamente me recuerda al mercado callejero de Pekín. Aquí hay todavía más variedad, indio, chino, tapas de singapur( como lo oyen o leen), tailandés… Agobiante. De repente me surge la necesidad acuciante de una simple hamburguesa. Curioso querer fuera lo que no tomas nunca en tu ciudad.
Por mi antojo volvemos a la zona de la bahía y encontramos un Mac Donalds donde una doble cheese burguer calma mi ansiedad y reposamos.
Damos otro paseo donde contemplamos como lanzan en un tirachinas gigante a varias personas que, para mi asombro, hacen fila y pagan por jugarse la vida. La cheese burguer se me revuelve de sólo mirarlos.
¡Qué casualidad!. Un centro comercial cerca de la parada del metro donde me veo casi obligada a consumir con algún trapillo… Parece que ver tiendas me sienta bien. Bueno a descansar y conservar esas imágenes de contrastes en la retina y en la cámara. Mañana es probable que no salgamos de nuestro paraíso cercano al hotel y al día siguiente partimos a Delhi.


