Pekín-Singapur, 9 de octubre de 2012

Ocho horas de sueño, descansada. El de al lado no tanto, parece que he respirado muy fuerte. (Por lo del derby del día anterior, tomaaaaa).
Tiempo justo para ducha, un buen desayuno y organizar maleta. Ahora interesa meter la ropa de verano en la pequeña y repartir entre todas el peso de las adquisiciones. Cerrar, cierran. Hacemos el check-Out y nos espera el taxi fuera. El personal del hotel ha resultado encantador ciertamente. Una sonrisa de despedida. El trayecto al aeropuerto se nos antoja un poco más largo y cuando vemos correr el taxímetro deducimos que nos está dando un rodeo interesado. Si a la ida pagamos 68yuanes por cuarenta minutos de viaje a la vuelta serán 100. Pues no, aún pretende cobrar más y cargarnos el peaje de la autopista. Va a ser que no, le damos 100 (13 euros) y va que chuta el muy jeta. Nos da las maletas de mala gana.
Sin problema en el aeropuerto ni con el embarque. Salimos en hora.
Allá vamos Singapur.

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Pekín, 8 de octubre de 2012

Ver el derby barsa-madrid desde China con seis horas de diferencia y poniendo el despertador en la madrugada es lo que tiene. Ni duermes tú ni el/la de al lado. Me levanto a las seis y media de la mañana, escribo lo acontecido el día anterior me tomo un ibuprofeno y me acuesto de nuevo casi a las ocho pensando sólo en relajar la espalda pero me quedo frita.
Amanecemos sorprendidos a las diez y pico de la mañana, ha pasado la hora del desayuno así que ducha y en busca de la bakery de la avenida donde todos días al pasar nos hemos quedado embobados mirando los pasteles y bollos.
Nos lo tomamos con calma, hoy es un día de «free» paseo o improvisación porque, en verdad, hemos visto ya todo lo que aspirábamos ver. Decidimos ir a ver andando el Templo de Confucio mientras vamos haciendo memoria de la película que contaba su vida. Nos sorprende de camino encontrar unas calles y hutongs bastante animados e incluso podríamos decir algo orientados a lo occidental. Se nos pasan las horas de tienda en tienda picando detalles. Busco una funda para el iPhone que vi en el primer mercado pero no hay forma. Y como soy de ideas fijas pues nada, esa o nada. Se ven varios negocios dedicados al budismo pues no muy lejos se encuentra el segundo templo de Lamas más grande de China tras el del Tíbet. Llegamos al templo de Confuncio de similar diseño a los ya conocidos. Su interior nos deleita con detalles de su vida y hazañas. Me sorprende que se trate como un dios a alguien que no dejo de ser un gran filósofo y pensador en su tiempo. Pero así es. Multitud de colgantes se ofrecen ante su estatua. Hacemos bastantes fotos de las figuras que representan al maestro y sus discípulos. «No hagas a los demás aquello que no querrías para ti mismo».
Cuando salimos del templo nos aventuramos, buscando la Torre de la Campaña, en los hutongs. No tenemos hambre porque hemos desayunado tarde así que de tienda en tienda seguimos curioseando. Andamos hoy muy relajados y en cierta manera descubrimos una ciudad distinta a la de días anteriores. Ya no nos llaman la atención los sonidos de claxon, ni el tener que sortear las motos o bicis. Cruzamos las calles con la misma seguridad que ellos, comenzamos a actuar de forma similar.
A las cuatro de la tarde el estómago nos pide un bocado. Entramos a un burguer porque, tras la cena de ayer, necesitamos algo distinto. Antes echamos una foto al último negocio de moda aquí: los churros. Mi hamburguesa exquisita, la del compañero que era de pollo sigue sin saber a pollo aparte de consistir en un troceado extraño. Me pido un vino blanco valenciano y tenemos wifi. Por mi perfecto, me pongo al tanto de todo con las chicas.
A lo que salimos y llegamos a la Torre de la Campana la encontramos cerrada. Bueno, aparentemente no nos perdemos mucho.
Cogemos un taxi para ir al mercado de Yashow. Hemos cogido practica con el regateo. Mi chico arrasa con todos sus objetivos, cazadora, zapatillas deportivas, camisetas… Yo sigo buscando el bolso que vi a la chica del avión. Hay una planta entera dedicada a bolsos pero no lo veo. Cuando ya empiezo a desesperar allí está. Lo miro con disimulo como quien ve algo, de forma casual, me agrada pero que no se desprenda la idea de que es lo que quiero. Lo huelo. Todo piel, esta perfecto. Le quedan dos. La mujer del puesto parece dura. Me indica que es de muy buena calidad. Empieza pidiendo 900 yuanes. Yo le ofrezco 100. Se indigna, se escandaliza. Me ofrece por 100 todos gucci, louis vuitton.. que quiera. Pero yo no quiero marcas, quiero ese que, además es bueno. Baja a 800. Yo subo a 150(veinte euros) porque me gusta. Me dice que imposible. Le doy las gracias y me voy. Me persigue por varios puesto y baja. Hasta 300, dice que menos pierde dinero. Seguramente sea así. Es mi único capricho así que asciendo a 200 y le informo de que España está en crisis y no puedo darle más. Ambas nos lloramos. No hay acuerdo, me voy. Me persigue. Ok 200. Acuerdo final. Le fastidia bastante pero es probable que sea el único bolso que vende en toda tarde. Cuando le pago intenta sacar 20 más. No cedo. Ya es mío. Ahora a descansar al hotel y salir a cenar para estrenarlo. Me muero de ganas.
Encontramos de casualidad(ya que no era nuestra intención pasar por esa calle)un restaurante muy mono con sillas de bambú y camareros serviciales al extremo. Miramos bienes fotos de la carta para no errar. Mientras pido una botella de vino. ¡Oh!. Sorpresa, debo ser la primera cliente que pide vino. Se arma un pequeño revuelo. Me traen la botella y compruebo que se corresponde con la que he elegido. La dejan en la mesa y sigue el revuelo. Mientras ya hemos elegido. Rollitos primavera, arroz con piña y gambas picantes. Levanto la vista y veo a dos camareros jugar con un abre corchos. Entiendo el problema. No han abierto nunca una botella de vino. Son chicos jóvenes, quizá el restaurante lleva poco tiempo. Aparece un señor sin uniforme que coge el abre corchos con cierta confianza pero yo no las tengo todas conmigo. Estoy a punto de pedir que me dejen abrirla a mí, pero parece feo. Intentamos no reírnos de la situación. Llegan tres a la mesa con el abre corcho en la mano cual espada.
Les sujeto la botella(la veo en el suelo). Les indicamos como podemos. No saben quitar el plástico que no sería necesario. Nos sigue pareciendo mal solucionar el problema nosotros. Se van los tres con la botella a la barra del bar. Movimientos y gestos desde lejos y gritos de triunfo. Alzan la botella y nos la traen entusiasmados. Sonreímos con ganas. Y además los platos exquisitos. Hoy sí, un diez para el cocinero. Vuelta de paseo romántico y a preparar equipaje para mañana. Bsss

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Pekín, 7 de octubre de 2012

Amanecemos dando gracias de haber puesto la alarma porque, de lo contrario, no hubiéramos llegado a la recepción a la hora concertada. Desayunamos controlando la hora, abundante, y preparamos unos sándwich para la escapada.
A través del hotel hemos reservado un taxi (al cambio mejor opción que una excursión en bus) para ocho horas. Tiempo suficiente para salir de Pekín y ver la Gran Muralla desde Mutianyu y luego ir al Palacio de Verano.
La recepcionista se esfuerza en indicar correctamente los destinos al conductor que, por supuesto, sólo habla chino. Pero nos da buenas sensaciones y así resulta. A las diez de la mañana, tras hora y media de viaje, nos deja en el tramo concertado de la Gran Muralla, apenas hay visitantes en Mutianyu o somos de los primeros. Está la opción de subir andando hasta la torre 14, zona de acceso. Pero la descartamos porque el tiempo apremia. Tomamos el funicular. Desde allí nos maravillamos con el paisaje y comprobamos nuestro acierto. Lo que vemos ya en el ascenso nos impresiona. Es algo increíble, no artísticamente desde luego, pero sí como construcción. Nuestra vista se pierde intentando seguir la serpentina imagen de la muralla atravesando las montañas pero no tiene fin, ni a uno ni a otro lado. Hay gente pero no mucha. Andamos un tramo dejando el sol a nuestra espalda y aprovechamos para hacer fotos espectaculares. Intentamos lo mismo al otro lado de la torre 14 pero el sol de frente perjudica la idea. Este tramo es de bajada. La gente sube sudando y jadeando. ¡Imaginemos ahora como subirían los constructores o sus bestias de carga!. Disfrutamos un rato más y descendemos, sabemos que en el palacio de verano perderemos tiempo. En el descenso tras el funicular te dirigen por un estrecho pasillo a los parkings. a ambos lasos los puestos ambulantes te acosan para que compres. mi acompañante regatea hasta obtener una camiseta de la Gran Muralla, yo no tengo ánimo de regateo, me agota. En el punto indicado encontramos a nuestro conductor. Cruce de sonrisas (poco más se puede dialogar) y para el coche.
A la vuelta como a la ida, vamos contemplando el panorama de vida. Este día, sin duda, más relajado que los anteriores nos permite caer en ciertas reflexiones. ¿Qué queda de aquella cultura?. ¿En qué ha convertido el comunismo a este país?. No hacemos más que ver Palacios en dónde la naturaleza, el agua, quedan integrados con la vida y la rutina en comunión perfecta. Pero ellos han perdido todo eso. Viven o en la miseria o en moles de cemento que rompen el paisaje, verdaderos hormigueros. Han perdido la sonrisa de los dibujos. No se abren al exterior, ni les dejan, se encierran en ellos y no contestan ni a los saludos. Engrandecen un pasado que parecen han olvidado. ¿Hasta cuándo?.
Llegamos al palacio de Verano en torno a las doce. Patrimonio de la humanidad. Podríamos pasar allí el día entero pero quedamos(garabateando en un papel)que nos recogerá a las tres.
Se trata de uno de los mejores conservados Palacios imperiales(residencia de verano como su nombre indica) de toda China. A tener en cuenta que fue reconstruido tras los saqueos de las tropas francesas e inglesas en mil ochocientos y pico. ¿De ahí que Occidente es la culpa de todos sus males?. Si nos paráramos a repasar los españoles nuestra larga lista de invasiones… En fin, de todo se aprende y queda algo bueno.
El Palacio es un conjunto de edificios, parques y lagos (el agua ocupa las dos terceras partes del recinto) que impresiona por su belleza. La arquitectura, los colores, todo es original y contrasta con lo que hemos conocido hasta ahora. Transmite una idea de paz y relajación pasear por aquí que se pierde por la marabunta de turistas. Casi todos chinos, una vez más. Sólo en la gran muralla hemos encontrado más occidentales. Excursiones que iban de propio hasta allí. Varios son los caminos para elegir pero con acierto vamos por la derecha. Tras ver algunos edificios aparecemos en el corredor paralelo al lago, qué bonito es, kilómetros de corredor. Lo seguimos hasta la altura de la torre del Buda que nos desviamos y por seguir a unos chinos por un camino alternativo a las escaleras normales casi me mato( no soy yo muy hábil en la escalada). Vistas alucinantes desde allí. El Buda es la figura conocida a la que le salen tantos brazos. Decidimos comernos el sándwich en un porche bucólico bajo la torre antes de emprender el descenso. Desechamos la idea de recorrer los parques de la colina y seguimos por el corredor paralelo al lago viendo edificios y galerías y mucha naturaleza. Mientras el lago se llena de barquitos que se alquilan. Otras mayores con forma de dragón lo atraviesan en los puntos claves. Está claro que sí queremos llegar a tiempo tendremos que cogerlo en algún punto. Como digo es un recinto en el que se podría pasar uno el día entero. Llegamos hasta el barco de mármol, precioso. Allí tras el barco el lago se cubre con flores de loto. Lo visitamos y cogemos el barco para llegar a una isla central que se une con un bello puente a la parte que, más o menos, nos llevara a la puerta donde hemos quedado con el taxista. Y allí lo encontramos tras tres horas en el Palacio. Regresa a Pekín pitando( con el claxon, esto es literal, pintan sin parar ni respetar a nadie). Volvemos encantados al hotel con la jornada de hoy. Llegamos sobre las cuatro y nos da tiempo a descansar, cosa que hasta ahora no habíamos hecho.
Tras una ducha reponedora salimos sobre las siete de la tarde a recorrer nuestra vecina calle de Dongsitiao. Resulta ser una zona bastante ambientada de tiendas y restaurantes. En una tienda parece que regalen pares de zapatillas Adidas pero nadie se esfuerza o quiere que estos dos occidentales se lleven algún par. Salimos sin saber sí era un dos por uno o qué. Ahí se quedan montando sus looks imposibles. No he visto a gente con tan poco criterio a la hora de vestir como los chinos. Sacamos dinero y recorremos un poco más hasta que el hambre nos aprieta. Optamos por cenar en un garito de bambú que parece nuevo y muy cool. La especialidad son los pinchos. Los hay de todo tipo. Pedimos unos de pollo, otros de champiñones y unos fideos. Nos traen un pincho de pollo en vez de una bandeja como en la foto. Parece que no nos entendemos con el «uno» ni aún con el dedo. Al final pido nueve, son pequeños. Craso error pedir más sin probar el que había llegado. No sabe a pollo, sabe raro y no nos gusta. Los fideos llegan, son fríos y picantes. Mal vamos. El de los champiñones, uno llega, no está mal pero sabe a producto marino. No tienen vino, pido una cerveza del país sin gustarme demasiado la idea pero no está mal. Volvemos a pedir, arroz de soja y un pinchito de carne que en la foto parecen unas albóndigas. Sólo uno desde luego. Llega, lo contemplo, llamo al camarero y le digo mostrándole la foto de la carta :¿esto es esto?. Me entiende, sí es eso. Sabor indescriptible, a víscera, malo.
Y llega el arroz. Nuestra salvación. Plato abundante y buenísimo, el mejor que hemos probado hasta hoy. Calmamos las tripas. El resto del restaurante come con ansia pinchos y pinchos, también ostras. Ahí ya no hemos arriesgado. Sale todo por unos ocho euros. Como no hay postres en ningún restaurante, de ahí ese tipín que conservan, paramos en una cafetería a pedir un chocolate caliente y bollito. Nos abrasamos las lenguas y volvemos al hotel. Fin del día.

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Pekín, 6 de octubre de 2012

He dormido como una marmota nueve horas. Mi compi algo menos está envidioso. Bajamos al buffet del desayuno con poca expectativa pero nos sorprende gratamente. Hay de todo, fruta, salado y dulce. Comemos sin moderación.
A las ocho ya estamos camino de la Ciudad Prohibida. Vamos a la entrada norte que era donde ayer vimos pasar a la gente. Pero como estos chinos son tan peculiares a días cambian el sentido de la entrada y resulta que se hoy se entra por la sur. Hablamos de una distancia considerable así que para aprovechar el paseo hasta allí entramos en el parque vecino de Jingshan que tiene un palacio muy alto donde tener buenas vistas de la ciudad. En el interior hay gente bailando, haciendo taichi… Todo está lleno de chinos. Sé que me repito pero es que apenas hay occidentales. Me parece curioso.
A la salida del parque se nos ofrece un triciclo de estos turísticos a llevarnos a la plaza Tiananmen por tres yuanes. Nos parece muy bien porque podemos ver dicha plaza y entrar por la puerta sur de la Ciudad Prohibida. En vez de tomar la calle más razonable para ir a la plaza nos introduce muy simpático por las calles de un Hutong vecino e intenta vendernos algún otro tour(de los pocos que tienen nociones de ingles).Le decimos que no y sugiere que el trayecto a la plaza ahora, de repente y misteriosamente, no son tres sino trescientos. Montamos en cólera, él se hace el valiente quizá porque cree que no queremos parar en medio del Hutong. No tenemos miedo, nuestro hotel está también en uno. Nos bajamos y allí de queda. Al menos hemos avanzado mitad de trayecto.
Por fin en la ciudad perdida. Compramos entrada y antes de entrar vamos a ver la plaza. El gentío y el tráfico es desmesurado. Nada bonito que ver como imaginaba y volvemos a la Ciudad. El recinto del mundo donde más Palacios hay. Eso sí y siguiendo la impresión del día anterior, visto un palacio, vistos todos.
En cualquier caso, son bonitos, originales y rodeados de parques y lagos bien cuidados. Así qué llevamos ya unas trescientas fotos. Nos cuesta ver, más o menos todo, una hora y media. Tras la experiencia con los triciclos (moto disfrazada), esta vez cogemos un taxi con taxímetro en marcha y sin problema vamos a parar al Templo del Cielo.
Este de recinto es también enorme y nos gusta mucho más que los otros. La aglomeración de visitantes es menor, los jardines espectaculares y también el templo en sí.
Acabada la vista de templos nuestra idea es pasar a los mercados. Por cercanía vamos primero al de las perlas haciendo un paròn para descansar y comer algo.
El restaurante es muy mono. Probamos el arroz( con los palillos peor que los fideos) y una especie de sartén con pato picante. Nos gusta aunque el pato lleva excesivos huesitos.
Recuperada energía encontramos el mercado de las perlas. Resulta ser un edificio con escaleras mecánicas y todo. Parece ser que, tanto este como el de la Seda, se trasladaron hace unos años de las calles a los centros comerciales. Se vende lo mismo pero, sin duda, ha perdido encanto. Aquí sí vemos más turistas y todo muy tranquilo, nada saturado. Yo busco un bolso en particular, sin marca( pero de piel y con colores muy originales) que vi a una chica en el avión pero no lo encuentro en ningún puesto. Cuando lo hago la chica no me baja el precio tanto como me gustaría así que desisto. No lo vuelvo a ver en todo el día y paso las horas acordándome de no haberlo comprado. Decido que comprare también unas gafas de sol y una funda para el iPhone, pero no aquí, estamos sondeando. En este mercado sòlo caen tres figuritas de los guerreros de Xiam, de recuerdo. Venden de todo menos las últimas plantas dedicadas a las perlas. Pasamos, ni entendemos ni queremos.
Pillamos otro taxi, más barato y seguro, y vamos al Mercado de la Seda. Otro centro comercial quizá más centrado en ropa. No veo el bolso, sniff. Compro unas gafas, de imitación, por unos diez euros, un chaleco para mi sobri y el acompañante ropa interior, calcetines y chandal de imitación. Casi las ocho de la tarde, muertos. Nos hacemos unos masajes de pies a buen precio, lo merecemos y pillamos un taxi para el hotel. Se niega a poner el taxímetro dando una cifra desorbitada y no estamos ya para regateos así que le dejamos y cogemos otro. Este sí, hogar dulce hogar. Reservamos un coche para ocho horas que queremos aprovechar mañana para ver la Gran Muralla y el Palacio de Verano.
Por cierto, estas entradas se publicarán en el blog sobre el día 9 de octubre porque aquí en China hay páginas de internet vetadas, como el Facebook o el wordpress. Así que no os he abandonado, es sólo un sabotaje transitorio.
Besitoss

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Pekín, 5 de octubre de 2012

Aterrizamos en hora, sin problemas con el visado, sale nuestra maleta, cambiamos dinero y pillamos un taxi.
El taxista se aproxima a la zona de los hutongs pero no sabe exactamente dónde está el hotel. Nos lo imaginábamos así. Llamamos al hotel y se pone el conductor para que le indiquen. Consigue dejarnos en el callejón(no llega a calle)y avanzamos entre los hogares tercer mundistas de tanta gente. En la misma calle/callejón hay una comisaría. De igual modo no tememos por nuestra ciudad, sabíamos qué lugar habíamos elegido al hacer la reserva. A mitad del trayecto vemos el cartel rojo que señala el hotel.
Nos reciben con extrema amabilidad y se apresuran en acabar la habitación. Nos dan la suite nupcial, un detalle porque no era la que habíamos reservado. Tanto el hotel, la habitación y las zonas comunes irradian el espíritu de China. Nos parece encantador, muy original. Además tiene televisión plana, wifi y ordenador. Mezcla de realidades.
Nos duchamos, me retoco un poco y sin pausa(si paramos caemos muertos)nos vamos a dar una vuelta por la ciudad andando. Cerca del parque Beihai hacemos un alto en un restaurante. No hablan inglés ni una palabra. Tampoco el taxista. Hacemos uso de los signos y no va mal. Es extraño, parece que seamos los únicos occidentales de la ciudad. Es cierto que es la fiesta grande para ellos durante esta semana de octubre pero aún así nos sorprende.
Intentamos adaptarnos, fideos chinos y un plato con carne(no me pregunten cuál), ajos tiernos y cebolla con sus salsas. La verdad, todo exquisito y con los palillos. Un reto para mi pulso.
De ahí vamos al parque. Aquí, al contrario que Londres, las distancias son más largas que en el mapa. Lo encontramos a rebosar de gente, todo chinos. Damos una vuelta, voy al baño( bendición para meonas como yo que haya baños públicos por todas esquinas aunque la razón sea que muchas casas no los tienen)y nos acercamos a ver la Dagoba blanca. Todos los templos y jardines son bonitos, no lo niego. Pero acuso sensación de que visto uno, vistos todos. En fin, estoy cansada y no quiero tener feas impresiones de la ciudad.
Hacemos cruces de parques con idea de acabar en la plaza Tian’amen pero de nuevo el mapa y la distancia nos confunden. La zona sigue repleta de gente China comprando gorras militares. De casualidad vemos desfilar al ejército y decidimos no entrar. Mejor mañana tras la Ciudad Prohibida. Estamos muertos.
Aún así damos un rodeo en la vuelta al hotel para pasar por una calle (de las comerciales)que no resulta provechosa ya que todo es de marca. Las compras también para otro día. Sin embargo cogemos raviolis para llevar en unos puestos al aire libre en que puedes encontrar de todo, pinchos de carne, marisco, pulpo, pasta, dulces… Grillos e insectos para comer. Puahhh, yo no pruebo. Con los raviolis de equipaje a descansar del viaje en el Hutong.

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Londres-Pekín, 4 de octubre de 2012

Inevitable, sabía que no dormiría absolutamente nada en el viaje. Me maravilla la facilidad de algunas personas para caer en el sueño. En fin, resignada tras la cena he visto Prometheus, he oído música (disco entero de grandes éxitos de la fallecida Whitney entre otros), he leído la guía y he visto pasar las horas. Ahora ya amanece en Oriente, el sol entra por la ventanilla del avión y esperamos el desayuno. Ya queda menos, veremos si llega la maleta, cambiaremos dinero en el aeropuerto y cogeremos un taxi directo al hotel. Esta vez no será como en Londres. Encerrado en un Hutong hemos elegido una casa típica convertida en hotel. Veremos con qué nos encontramos. Aquí está foto del vestíbulo del hotel.

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